El anuncio de la presidenta de la Nación en relación al envío al Congreso del anteproyecto para una nueva ley de radiodifusión ha provocado una feroz reacción por parte de la corporación mediática y de sus fieles representantes en el plano político. Aun sin conocerse los contenidos que tendrá el proyecto han salido a golpear desde todos lados y con cualquier argumento a toda iniciativa que ponga en peligro la extraordinaria concentración y control de los medios de comunicación que se expanden por cada rincón de la Argentina. La Ley fue impuesta por la última dictadura militar en el marco de la llamada doctrina de la seguridad nacional y con el tiempo fue sufriendo reformas aun más temerarias, como la decretada por Carlos Menem que profundizó el modelo neoliberal permitiendo la mayor concentración de medios antes prohibida y la participación de capitales extranjeros en los mismos. Hoy, apoyándose en ella, las corporaciones logran adosar cada vez más medios a sus empresas sin control alguno; además no existen reglas en relación al origen delos capitales que ingresan en el negocio, -desde la década del '90 ha habido un proceso de extranjerización indiscriminado-. Esta ley, por otra parte, impide operar cualquier tipo de emisora a personas jurídicas sin fines de lucro, algo inconcebible que ha sido una amenaza jurídica constante para emprendimientos independientes y autogestionados como los llevados a la práctica por parte de instituciones, cooperativas, sindicatos, u organizaciones sociales. Además, por una cuestión de época, no hay marco regulatorio con respecto a la televisión por cable ni del mundo Internet, con todo lo que ello conlleva. En resumen, la actual ley de la dictadura considera a los medios como una mercancía más que como un bien social. En la práctica este grave escenario de los medios en la Argentina podría presentarse así: Entre los grupos Clarín-Artear, Admira-telefónica, América Multimedios, HMT&F, Grupo Hadad y La Nación son dueños de más de 200 medios y cuatro de ellos controlan el 83% de la totalidad de los medios audiovisuales en la República Argentina, además, los primeros 3 poseen el 60% de las televisoras abiertas. En el caso de la televisión por cable la compra de Cablevisión por parte del grupo Clarín, que ya poseía Multicanal, representa un claro ejemplo de la incapacidad por parte del estado de controlar la expansión de los monopolios mediáticos. Por este caso no se escucharon las voces de los grandes "defensores" de la "libertad de prensa" y la "competencia leal" reclamando por esta fusión incompatible y contraria a cualquier tipo de sensatez democrática. Las consecuencias que provoca este panorama son nefastas a todo nivel; en primer lugar porque la hegemonía en la selección y elaboración de contenidos representa, ni más ni menos, qu |