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EDITORIAL
Divorcio y fin de aņo

A propósito de la charla-debate organizada por Compromiso, en la que participaron Eduardo Macaluse y Adrián Grana, se pueden extraer algunas conclusiones interesantes en torno al famoso tema del divorcio entre la política y la ciudadanía y a ciertas claves para la búsqueda de una idea superadora que ofrezca respuestas frente a este verdadero flagelo social que muy pocos valoran en su real dimensión.

Son muchos los lectores de este periódico que, de alguna u otra manera y desde distintos espacios, participan en la denominada cosa pública; organizaciones, instituciones varias, grupos de vecinos autoconvocados, o simples individuos que intervienen activamente en el ámbito educativo o cultural en función de lo público, conforman un colectivo heterogéneo pero que comparte el grave problema de la falta de articulación entre ese quehacer que los define y la “política real”, ese ámbito abstracto donde se toman las grandes decisiones fuera de cualquier posibilidad de vinculación.

No es una novedad que los propios hombres de la política hayan logrado paradójicamente instalar la idea de que esta actividad humana es la peor expresión de la sociedad, por lo que ninguna persona honesta debería “meterse en política”. En la década del ’90 la movida en relación al fin de las ideologías y a la consideración utilitaria, empresaria o, en el mejor de los casos, profesional de la política, no tuvo otra intensión que profundizar ese divorcio que ya era manifiesto y que constituyó una de las patas argumentativas que contribuyeron a la destrucción de este país.

Lo que tampoco es una novedad pero sí un concepto que ha quedado mal herido a raíz de la crisis de representación que nos asota, es que la política es la única herramienta capaz de transformar a una sociedad, y que no todas las mujeres y hombres que se dedican a ella son corruptos o responden a intereses espurios, así como que tampoco tienen propiedad exclusiva a la hora de tomar decisiones trascendentes en sus despachos, muchas veces, tan alejados de la realidad cotidiana. Es decir, el ámbito de participación por excelencia en función de operar cualquier cambio debe ser inequívocamente la actividad política.

Esto viene a colación de la tendencia, observada en gran parte de este colectivo que participa de la cosa pública, a negar constante y rotundamente la política y a todos sus actores y funcionarios, así como también a considerar los problemas locales o coyunturales separados de los temas nacionales o estructurales de los que inevitablemente dependen. Esta concepción ligera y reduccionista también contribuye, y de manera crucial, en el mecanismo de desarticulación permanente que provoca el divorcio en cuestión. La idea que aparece repetidamente en las reuniones barriales con el “para eso les pagamos” -cuando se le exige la resolución de un problema a un funcionario o legislador-, es precisamente la exacerbación de esta dicotomía porque no se hace cargo de su posibilidad y posición como ciudadano, dejando toda la responsabilidad a un ajeno. Por otra parte, el acento exclusivo y permanente sobre situaciones puntuales de orden local –que son muy valorables y necesarias-  a veces conspira contra una visión más amplia y compleja que incluya las necesidades del conjunto de la sociedad y eso, incluso, complica la resolución positiva de las cuestiones en las que se trabajan. Esa visión, mucho más apropiada para abordar la realidad con verdaderas posibilidades de cambio, sólo podrá construirse a través de la formación política y de la reivindicación de ella como una herramienta eficaz que vaya en sentido del bien común y la.

Uno de los ejes fundamentales en los que se apoya este periódico es la promoción de la participación de la población en los temas que hacen a la comunidad, desde una concepción amplia, siempre subjetiva, y vocacionalmente ligada a la profundización de la democracia. Este es el último número de Compromiso y el deseo es volver en marzo del año próximo, las posibilidades económicas para hacerlo son determinantes para su existencia, es por ello que agradecemos a quienes la hacen posible a través de sus aportes publicitarios –que es la única forma de financiamiento-. Esperamos contar con nuevos aportantes que apuesten a la continuidad del proyecto. Como hace ya tres años el compromiso asumido con la comunidad de Haedo seguirá en pie.
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