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ENTREVISTA
HÉCTOR ALMANDOZ (ex jugador de fútbol y actual entrenador)

EL KOYO JUGÓ PROFESIONALMENTE EN VARIOS EQUIPOS ARGENTINOS Y DEL MUNDO. PASÓ GRAN PARTE DE SU INFANCIA EN HAEDO. FUE CAMPEÓN DE AMÉRICA Y DEL MUNDO CON VELEZ SARSFIELD. HOY ES DIRECTOR TÉCNICO Y, COMO EN TODA SU CARRERA SE PROPONE NUEVOS DESAFÍOS.

“Cuando un jugador está convencido se puede llegar muy lejos”.

C: Koyo, contanos tu historia, desde tu infancia…
A: Viví en Haedo durante gran parte de mi infancia, sobre la calle Pueyrredón, jugaba al baby-fútbol en Sociedad  Italiana de la Av. Rosales en Haedo Norte, desde chiquito mi vida estuvo ligada al fútbol. De ahí nos llevaron a las categorías infantiles de Vélez Sarfield, donde realicé todas las inferiores. A los 18 debuté en primera y dos años después, como no tenía tanta continuidad, salió la oportunidad de irme a Quilmes donde jugué todo los partidos y me afiancé en primera como un jugador profesional. Me quisieron comprar pero Vélez no quiso. Volví al club de mis amores y comencé a jugar en primera definitivamente.

C: ¿Esa fue la época de los grandes campeonatos ganados por Vélez?
A: Y… sí. Arrancamos sabiendo que el club no salía campeón desde hacía 28 años. Uno o dos años estuvimos cerca de la punta y no pudimos llegar a concretarlo, pero por suerte a partir del '93 ganamos el primer torneo que, a fin de cuenta, fue tan importante para la institución. El técnico era Carlos Bianchi y vino la libertadores. Recuerdo que la zona era muy difícil, estaba Palmeira, Cruceiro y Boca. Ante la sorpresa de todos los que nos daban afuera, fuimos primeros en la clasificación. Imaginate que empezamos a entusiasmarnos cada vez más, después era partido a partido por eliminación directa y fuimos pasando las fases hasta llegar a la final contra el famoso San Pablo.

C: ¿Cómo recordás esa final?
A: Les ganamos 1 a 0 de local en Liniers, pero de visitante frente a 120.000 personas logramos lo impensado para muchos, no para nosotros, porque las ganas de demostrar que podíamos, que éramos capaces de lograr la copa, fue más fuerte que todo. En realidad eran pocos los que creían que podíamos aguantar ese resultado.

C: Definieron por penales en Brasil…
A: Si, de visita y perdimos 1 a 0. Jugué esa final porque en la primera estaba lesionado. Me preparé sólo para ese partido al que llegué con lo justo. Creo que el amor propio influyó mucho para poder estar y jugar los 90 minutos. Perdíamos y nos atacaban por todos lados, y más ese San Pablo que venía de ganar dos copas seguidas. Pero llegamos por fin a los penales, nosotros estábamos muy concentrados, además teníamos a Chilavert y muy buenos pateadores. Era el esfuerzo final. Yo me tuve mucha fe y le empecé gritar a Carlos  que quería patearlo, no se si me había tenido en cuenta pero finalmente me dijo que sí y me puso en la lista para patear.

C: ¿Qué se siente en un momento así?
A: Fue unos de los momentos más lindo de mi carrera. Una sensación imposible de definir e igualar. Yo tuve que patear el cuarto penal. Me acuerdo que estábamos juntos y me fui trotando a buscar la pelota. Sabía dónde la iba a tirar, fue a la derecha de Zetti. La seguridad que tenía hizo que lo pueda convertir. Después pateó "Tito" Pompei y llegó el campeonato. El festejo fue una locura con unos 3 o 4 mil personas de Vélez frente a todo el público brasilero. Comenzamos a escribir la historia por la que Vélez pasó a ser un club grande.

C: Después vino la Intercontinental…
A: En diciembre del '94. Una copa muy difícil, terriblemente ansiada por todo jugador de fútbol, ser campeón del mundo de clubes. Fueron pasando los meses durante el torneo local y ya nos estábamos preparando. El hincha nos exigía más, porque vieron que había un gran equipo, en el que seguramente no éramos todos amigos pero que  adentro de la cancha éramos como hermanos porque nos matábamos por el compañero. Viajamos una semana antes, Carlos Bianchi quería preparar muy bien al equipo. El Milán era un club con mucha historia en esas grandes finales; nosotros éramos un equipo humilde que debía basar su juego en la concentración y el esfuerzo. Era 10 a 1 nuestras chances para muchos periodistas que estaban allá en Japón. Pero a nosotros no nos convencieron de eso y cada día que pasaba estábamos más convencidos de que no dejaríamos pasar esa oportunidad.

C: ¿Qué recuerdos te trae ese partido?
A: Lo fundamental fue que mentalmente no iban a ser superiores que nosotros. Fue como una guerra deportiva. El partido fue de menos a mayor para nosotros. Presionamos bien y no los dejamos armar juego. Allí tuvimos el penal y pasamos a ganar 1 a 0. Después vino el  gol del "Turco" Asad que es un ejemplo de cómo un jugador no puede dar por perdida una sola pelota. Esa actitud es la que llevó a ganar esa pelota que definió el partido y una copa del mundo para un equipo.

C: ¿Y después de Velez?
A: En el '95 Diego Maradona, que era técnico de Racing, declara que yo era el mejor libero del mundo. Eso para mí, fue un orgullo, una de las cosas mas lindas que me pasó. Con toda humildad lo digo. Después no se dio lo de Racing y me fui a Estudiantes de la Plata y después me compró San Lorenzo de Almagro para jugar la copa. Allí llegamos a semifinales. La frase de Diego tuvo un peso positivo durante toda mi carrera que llevé con orgullo.
C: ¿Cómo es la Experiencia de jugar en el exterior?
A: Me fui a Israel, al mejor equipo de allá, el Macabi Haifa, donde jugué la copa UEFA. El idioma era un problema, pero como soy yo, me hacia entender de cualquier manera, con señas, con simpatía… un poco de todo (risas). Así fue que me fui metiendo en el grupo, un club modelo en donde no me faltaba nada, una seriedad a la que yo no estaba acostumbrado. Pasamos dos rondas y ahí me decidí por volver. No aguanté el problema de los atentados y por seguridad de mi familia preferí irme. De allí pasé al Melgar de Perú por tres meses, zafamos del descenso que era el objetivo, pero tenía ganas de volver a la argentina, arreglé con Chacarita pero a los seis meses me tentaron de México y acepté. Después me fui al Deportivo Quito donde me llevó al "Pepe" Basualdo. Era un equipo que necesitaba el campeonato pero no se nos dio. Después fui al Aurora y al Wilsterman de Bolivia. Y terminé en el ascenso, en Almirante Brown.

C. ¿De qué técnicos aprendiste más?
A: Trato de sacar de cada uno lo mejor. Uno se va nutriendo de cada técnico, en mi caso me tocó trabajar con hombres de gran nivel y de mucha trayectoria. Por ejemplo del "Bambino" Veira, me quedo con la capacidad de motivación que propone en el grupo; de Eduardo Manera la posibilidad de ser un gran tipo dentro y fuera de la cancha; del "Cai" Aimar el trabajo serio durante la semana. De Carlos Bianchi aprendí cómo un técnico puede tratar a todo un plantel por igual, eso lo voy a tener en cuenta siempre, en mi cabeza, para mi actual trabajo de  técnico.

C: ¿Cómo te llevás con tu nuevo trabajo de director técnico?
A: En verdad me gusta mucho y creo estar preparado para cualquier desafío. Estoy trabajando con los juveniles de Vélez y allí puedo volcar todo la experiencia que pude realizar durante toda mi carrera. Me apasiona dirigir y sé que tengo una larga carrera en el fútbol, porque no podría ser de otra manera. Hasta el año pasado seguía jugando en el Showbol gracias a Diego y muchos compañeros de altísimo nivel con quienes nos hemos divertido muchísimo.

C: Y de tus compañeros ¿Qué relación tenés con ellos?
A: Me sigo hablando con muchos, incluso los que están en otros países. Algunos han quedado como amigos íntimos como puede ser el “Turu” Flores o el “Turco” Asad , “Chiche” Soñora y Walter Pico. Me considero un tipo querido en el ambiente, apostando a ganador siempre, me tratan de la misma manera que cuando era jugador.

C: ¿Cómo analizás el fútbol actual?
A: Veo que es todo muy parejo, la parte física ha emparejado el nivel y no resalta el habilidoso, el individualista, Hoy todos están de acuerdo en que, a pesar de que haya diferencias técnicas, si un jugador está convencido, se puede llegar muy lejos. Esto lo digo porque desde Vélez Sarsfield pudimos lograr grande victorias por ese convencimiento.

C: ¿Qué sentimiento tenés hacia Haedo?
A: Recuerdo el vivir con mis abuelos. Siempre andaba por Rivadavia, el campito del Moreno, con chicos más grandes que yo. En Sociedad Italiana, jugábamos contra El Trébol, en esa cancha tan resbaladiza, esos desafíos eran muy lindos, aunque digan que nos ganaban… eso no es verdad (risas). Después fallecieron mis abuelos y me tuve que mudar, pero me quedaron muchos afectos en el barrio.

 

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